¿Cómo implementar un hábito de forma efectiva?

Con una frecuencia como mínimo anual, la mayoría de las personas tenemos “arrebatos” en los cuales nos planteamos llevar a cabo determinadas actividades o tareas que vamos postergando desde hace tiempo o que, en el mejor de los casos, llegamos a realizar sin la continuidad que quisiéramos.

Es habitual que a finales de año o a inicios declaremos nuestra intención de progresar en actividades tales como el aprendizaje del inglés, el apuntarse al gimnasio o el ponernos a dieta (por recurrir a los más clásicos); el problema es que hay una mayoría de ocasiones en que “fallamos” en la implementación de este “nuevo” hábito, quedando este relegado hasta otro momento del año (o para el próximo). Es en estos casos cuando volvemos “al ataque” con renovadas energías y variedad de aprendizajes producto de los fracasos acumulados. Este tipo de situación, cuando no conseguimos nuestro objetivo, nos resta autoconfianza pues lo vivimos como una indefensión (sensación subjetiva que albergamos después de uno o varios fracasos y que nos comporta resignación y, por tanto, a veces cierta pasividad de cara a probarlo de nuevo).

Es habitual que a finales de año o a inicios declaremos nuestra intención de progresar en actividades tales como el aprendizaje del inglés, el apuntarse al gimnasio o el ponernos a dieta

Una clave para tener éxito en la implementación de un nuevo hábito es sustituir el “impulso” por la “estrategia”, o sea, planificar más y mejor el cómo vamos a integrar en nuestra vida un nuevo hábito de forma “sostenible” (que dure el tiempo que yo desee) y “ecológico” (que no me genere un problema mayor que el de no implementar ese hábito). Si creamos una estrategia y nos “focalizamos” en ella, la implementación del hábito será más fácil; si fracasamos, a buen seguro dispondremos de “indicadores” que nos desvelen dónde hemos fallado para volver al ataque con mayor experiencia.

Para “interiorizar” un nuevo hábito debemos repetirlo muchas veces hasta llegar a integrarlo en nuestra rutina y en nuestros procesos mentales

Hay teorías que afirman que para implementar un hábito son necesarios 21 días. No obstante yo no he encontrado ningún artículo científico que lo valide; según mi opinión, lo encuentro poco fiable pues depende qué hábito o depende qué persona tendrá una necesidad u otra. Lo que sí que es evidente es que para “interiorizar” un nuevo hábito debemos repetirlo muchas veces hasta llegar a integrarlo en nuestra rutina y en nuestros procesos mentales.

A continuación os detallo el sistema que yo vengo utilizando desde hace años y que me ha reportado buenos resultados:

Foco. Implementar un solo hábito a la vez.

Cuestionamiento en positivo. ¿Si otras personas lo han conseguido por qué yo no? ¿Cómo lo consiguieron?

Beneficios. Es clave tener muy claros los beneficios que nos aportará la implementación de este hábito y tenerlos muy presentes (escritos en algún sitio visible) pues serán un “salvavidas” en momentos de “flaqueza”. Es necesario que ese nuevo hábito nos inspire, sino, será difícil integrarlo. En el caso que no nos inspire, antes de empezar hay que trabajar a fondo este apartado para buscarle un estímulo o será difícil conseguirlo. En mi caso, a veces, “los beneficios” no me han parecido muy estimulantes pero cuando he analizado “los peajes” de no implementar el hábito he encontrado la “gasolina” que me faltaba.

Declararlo. El hecho de que en voz alta te digas lo que quieres conseguir, y el para qué, le otorga mayores posibilidades de éxito. Repetirlo con frecuencia puede generar un “mantra” que sea de mucha ayuda en dicho proceso y puede elevar las expectativas que uno tiene de sí mismo.

Compartir el reto. Es importante tener una o varias personas con las que compartir ese reto (es preferible que la otra persona también tenga algún hábito o reto por conseguir) y así compartir las evoluciones y apoyarse mutuamente.

Por escrito. Es necesaria la existencia de un plan de acción que detalle nuestra aspiración (hábito a implementar) y podamos constatar la evolución.

Tener un disparador o “ancla”. La idea es tener presente el hábito. Por ejemplo, si quiero parar cada hora que permanezco delante del ordenador, sería adecuado tener alguna alarma o algo visual (muñeco, foto, etc.) en mi línea de visión que me “recuerde” mi conexión con el objetivo.

Celebrar cada pequeño éxito. Este punto es muy importante. Si por ejemplo estoy perdiendo peso, una vez haya conseguido algún pequeño objetivo (perder 2 kilos) que me acerca al objetivo final (perder 8 kilos), sería adecuado premiarme comprando un pequeño detalle o permitiéndome algún capricho (hacerme un masaje, etc.), al margen de compartirlo con mis amistades. Estos “rituales” de celebración nos ayudan a acercarnos a nuestro objetivo y mejoran nuestra autoconfianza-autoestima.

Espero que esta pequeña liturgia que tan buenos resultados me ha dado a mí y a mis clientes os pueda servir también a cualquiera de vosotros.

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