Compromiso y transformación personal

La mayoría de seres humanos estamos con frecuencia bastante “adoctrinados” para comprometernos de forma pública. Verbalizamos o declaramos compromisos solo si los vemos “factibles”, pues sabemos que no cumplirlos implica un “peaje” a nivel de “imagen social” y cierta “fragilidad” en nuestros “cimientos” como ser humano; No estoy hablando de esos compromisos típicos del “nuevo año” (aprender inglés, apuntarnos e ir al gimnasio, ponernos a dieta, etc…) que, todo y siendo importantes, cada año siguen estando en la lista de algunas personas. Yo me refiero a otros “grandes compromisos” que, a veces, ni siquiera llegamos a proponernos; no obstante, antes de hablar de estos “grandes compromisos”, pienso que es importante entender cuáles son los motivos que provocan que no los afrontemos; un motivo clave, es que antaño, el que “fallaba” en “la manada”, tenía los días contados. En consecuencia, desde nuestra niñez, nos hemos cuidado mucho de “no fallar”; por tanto, este comportamiento tan “coherente”, acerca de salvaguardar nuestra supervivencia, nos hace “adoptar solo compromisos que podamos conseguir”; ello tiene un alto componente de “protección” (evitar nuestros miedos ancestrales como el miedo al rechazo y el miedo al fracaso) y también de “limitación” (no hay una evolución, sino más bien una “repetición”).

Me explico: cuando estamos frente a un nuevo reto, nuestra capacidad para comprometernos pasa por el juicio que tenemos acerca de la posibilidad o no de conseguirlo; no obstante, este juicio viene condicionado por el sentido común, que está basado en nuestro histórico; esa es una posible razón por la que existen personas que son incapaces de “levantar el vuelo”, o sea, van pasando los años y siempre “les falta algo” para llegar a ser esa persona a la que aspiran convertirse. Son incapaces de sentirse plenamente satisfechos con el tipo de retos que asumen y, cada vez, están a más distancia de conseguir esos éxitos anhelados. Con frecuencia, estas personas a las que me refiero “van replicando su pasado en su presente” pues al comprometerse siempre con retos que pueden conseguir (basados en el sentido común, por tanto, necesariamente inspirados en su pasado o en el de otros), es casi imposible “levantar ese vuelo” y conseguir un cambio disruptivo (que rompa la monotonía, nos catapulte hacia otros escenarios, y nos obligue a movilizar nuevas habilidades o recursos). Repito, están comprometidos, sin saberlo, en replicar su pasado en su presente de forma continua, por eso no viene ese éxito soñado, porque sencillamente están o estamos más bien “jugando a no perder”. O sea, queremos “evolucionar” casi sin salir de nuestra “zona de confort”, adoptando esos “compromisos razonables”. Si los compromisos razonables vienen de la razón (sentido común organizado que viene del histórico de experiencias personales, tal como hemos visto), ¿qué sería entonces un compromiso irrazonable?

“Las personas razonables se adaptan a las circunstancias. Las irrazonables adaptan las circunstancias a sí mismas. El progreso depende de las personas irrazonables”.

George Bernard Shaw (Escritor irlandés y premio Nobel de literatura)

Un compromiso “irrazonable”, de entrada, no es algo imposible; sencillamente es un compromiso que cuando lo adquirimos se contrapone “a la deriva de pensamiento habitual” o lo que sería lo mismo: el sentido común organizado. Los “irrazonables” son esos compromisos que cuando los adquirimos y los verbalizamos, nuestros amigos nos regalan expresiones similares a las siguientes: “eso es imposible”, “no lo conseguirás”, “esto es algo que te supera”, “ahora no es el momento”, etc… Otro aspecto que destaca en este tipo de compromisos, es que cuando los iniciamos, no tenemos algunas o muchas de las habilidades o recursos que nos harán falta para conseguirlo, pero, ahí está el reto. Ejemplos de famosos “compromisos irrazonables”, serían los que asumieron Gandhi (liberar a la India del yugo Británico), Martin Luther King (conseguir determinados derechos sociales) o J.F. Kennedy con su propuesta de llegar a la Luna antes de terminar la década de los años 60 del siglo pasado. Cada una de estas personas, en el momento de realizar su declaración, no tenían ni los medios o recursos ni tampoco las soluciones concretas de cómo iban a hacerlo, sencillamente “se lanzaron a ello”, ese fue el primer paso.

Lo bueno que tiene empezar compromisos irrazonables es que, los consigamos o no, nos aportan unas experiencias que nos obligarán a poner en marcha parte de nuestro “potencial dormido” y a encontrar talentos que no sabíamos que albergábamos

Obviamente, cada uno de nosotros puede tener un objetivo irrazonable que no sea como los de Gandhi, King o Kennedy, por ejemplo empezar a estudiar una carrera universitaria una vez jubilado, dejar un puesto directivo en una empresa para montar un negocio en el que no tenemos ninguna experiencia previa, completar un maratón cuando tu primera práctica deportiva la inicias después de los 65 años, o salir de España a la búsqueda de un trabajo sin tener nada más que esperanza.

Lo bueno que tiene empezar compromisos irrazonables es que, los consigamos o no, nos aportan unas experiencias que nos obligarán a poner en marcha parte de nuestro “potencial dormido” y a encontrar talentos que no sabíamos que albergábamos; por tanto, independientemente del resultado final, nos convierten en alguien con mayores recursos que el que éramos antes de iniciarlo.

Si estamos esperando a encontrar todos los recursos para afrontar un reto, es posible que no lo iniciemos jamás, o que cuando nos dispongamos a hacerlo, ya no sea un reto.

Yo estoy muy contento de los pocos, pero significativos compromisos irrazonables que he adquirido en mi vida y estoy haciendo acopio de autoconfianza y mentalizándome para el siguiente.

¡Espero que tú también!

Como ejercicio de reflexión, te propongo que respondas a las siguientes preguntas:

  1. ¿Has llevado a cabo algún “compromiso irrazonable” a lo largo de tu vida?
  2. En el caso que sí, ¿qué habilidades o experiencias adquiriste?
  3. ¿Qué cambió en ti o en tu vida esa experiencia o reto?
  4. ¿Qué de todo eso, aún conservas?
  5. ¿Tienes algún otro compromiso irrazonable para movilizar tu talento de nuevo?

En caso de que nunca hayas asumido un “compromiso irrazonable”, puedes reflexionar acerca del impacto que ha tenido no hacerlo, o de aquellos compromisos/retos que “dejaste pasar” y los motivos que te condujeron a elegir esas opciones. Es posible que aquellos miedos de antes sigan abrazándote hoy, posiblemente “disfrazados” de otra forma y solo está en tu mano, qué día eliges para “desahuciar” esos miedos o al menos algunos de ellos, ¡de una vez por todas!

 

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