Esas conversaciones pendientes …

Una parte de nuestro éxito (ya sea personal o profesional) tiene que ver con la calidad de las conversaciones que sostenemos. Para mí, nuestra vida es una consecución de conversaciones que sostenemos con nosotros mismos y con los demás.

Mediante las conversaciones hemos iniciado una amistad o una relación de pareja, hemos conseguido un trabajo, un proyecto, un ascenso, o cualquier cosa que deseábamos. Por tanto, parte de nuestra actual existencia tiene que ver con la cantidad y calidad de conversaciones que hemos tenido y, por supuesto, también con las que “no hemos tenido”.

En este artículo, quiero centrarme en las segundas. Las que, por un motivo u otro, aún no se han producido.

En algún lugar oí que todo ser humano “arrastra” alguna “conversación pendiente”. Estas conversaciones pendientes son situaciones que se han generado con la pareja (actual o anterior a la actual), con algún amigo-a, con algún compañero-a del trabajo, con el “jefe-a”, o con algún miembro de la familia y que aún no hemos abordado. Es posible que “algo sucediera en el pasado”, que a uno de los dos, o quizá a ambos, nos inquietó, irritó, molestó, indignó, trastornó, u emocionó, pero por una razón u otra, “aquello” no se abordó. En este caso, el paso del tiempo no ayuda a que se solucione el desencuentro, sino más bien enfría y dificulta su tratamiento. Muchas veces estas conversaciones representan “cerrar” algo que quedó abierto (una disculpa, una explicación, una expectativa no cumplida, etc…), o quizá “abrir” un tema “tabú” o delicado (¿qué sucedió?, ¿por qué sucedió?, ¿por qué lo hiciste?, etc…) para después también “cerrarlo” si es posible o al menos “ponerlo encima de la mesa” y abordarlo.

Hay veces, que ambas personas, sabiendo que desde determinado momento una situación cambió su relación, se esfuerzan por “fingir” normalidad (cuando de normal no tiene nada la forma en la que se comportan ahora con respecto a cómo se comportaban antes de esa situación); también ocurre que, a veces, la ruptura es más evidente y las personas dejan de hablarse o de verse. Es obvio, que con frecuencia, estas conversaciones llevan implícitas una enorme carga emocional y una gran incertidumbre acerca de su desenlace, que hacen que nos intimidemos y por tanto no pasemos a la acción. Por otro lado, para afrontar estas conversaciones son necesarios varios ingredientes: humildad para dar el paso, coraje para afrontar la conversación y habilidades para conversar (saber escuchar, empatizar, estructurar la conversación, etc…).

“Las conversaciones que hemos abordado, y también las que no hemos abordado, revelan el tipo de ser que somos”

Quiero hacer un matiz y comentar que yo sólo califico como “conversación pendiente”, esa conversación que quisiera afrontar, pues me interesa esa relación o situación y que por tanto “me pesa” (que no la he afrontado aún por falta de coraje, por falta de oportunidad u por cualquier otro motivo). Digo esto pues puede ser que hayan algunas conversaciones que no abordé en su momento (las cuales serían teóricamente “conversaciones pendientes”) pero que, actualmente, ni me interesa abordar, ni mucho menos me “pesan”.

Después de unos minutos de reflexión, es relativamente fácil saber identificar con quién tenemos alguna conversación pendiente que quisiéramos afrontar. Más complejo es identificar, de forma “objetiva”, los motivos que la desencadenaron y, aún más complejo, por supuesto afrontarla. Si fuese fácil, probablemente la abordaríamos sin dificultad y ya no sería una “conversación pendiente” que entrara en esa clasificación.

“La calidad de nuestras conversaciones es directamente proporcional a la calidad y felicidad de nuestra vida, porque uno se amarga o se ilusiona a través de muchas elecciones, pero, sobre todo, a través de sus conversaciones”

Toda conversación tiene diferentes puntos a tener en cuenta y que son clave de cara a preparar previamente esa conversación. A continuación os cito algunos de estos puntos por si decidís “pasar a la acción” con alguna de vuestras conversaciones:

  1. La comunicación: este apartado es clave. Hay que “avisar” a la otra parte de nuestra intención y también “dejarle tiempo” para que reflexione. No sería adecuado “abordar” a la otra parte sin valorar el entorno, el momento, etc. Puede ser una conversación larga y, quizá, no conviene dejarla “a medias”. A mí me gusta “sondear” a la persona expresando mi necesidad y, si acepta la charla, emplazarla para un día que a esa persona le vaya bien. El sitio también es importante pues puede condicionar la conversación. Yo, en este caso, suelo adaptarme a mi interlocutor. No tengo problema en abordar la conversación en “su” territorio o en un sitio “neutro”, siempre y cuando no sea un sitio público, donde haya que gritar para oírse, o existan multitud de elementos que “distraigan” o interrumpan los interlocutores.
  2. El contenido: es el “Qué” queremos decir, que ya de por sí entraña dificultad para escoger las palabras y los hechos a lo que nos queremos referir. También en este apartado, tenemos que ordenar cómo vamos a abordar la conversación pues deberíamos contemplar las “potenciales” objeciones o reacciones de nuestro interlocutor-a y cómo darles una salida elegante y constructiva (si se puede). Os aconsejo preparar este apartado por escrito, no en forma de redacción, sino más bien con “los titulares” a tratar.
  3. La exposición: se refiere al “Cómo” pensamos decirlo, que puede ser incluso más importante que el “Qué” queremos decir. En este apartado hay que examinar cómo está de deteriorada la relación (si lo estuviera), la sensibilidad y carácter de nuestro interlocutor-a, y tener en cuenta cuál puede ser mi principal auto-saboteador en el caso que las cosas no salgan como yo espero y los nervios se apoderen de mí; unos ejemplos de auto-saboteadores serían culpabilizar al otro, ser soberbio, ponerse a la defensiva a la primera de cambio o utilizar el cinismo.
  4. La intención: se refiere al “Para qué” lo queremos decir, o más concretamente “qué objetivo queremos conseguir en esa conversación”: una disculpa, un cambio de comportamiento, recuperar una amistad, cerrar un capítulo, acabar una relación, etc…
  5. La responsabilidad: se refiere a la capacidad de asumir “nuestra” responsabilidad en lo acontecido. Reconocer nuestra responsabilidad, aunque quizá sea menor que la de la otra parte, es ya un gran paso para “iniciar” la conversación. Recuerda que: “si no eres parte del problema, tampoco lo serás de la solución”. Iniciar la conversación, asumiendo nuestra parte de responsabilidad, es toda una declaración de intenciones que puede ser muy “nutritiva” emocionalmente de cara a la otra parte, generando en esta una mejor disposición de su estado de ánimo.

La mayoría de las conversaciones pendientes que tenemos pueden encerrar un misterio, un regalo o una oportunidad y, a veces, más cosas. Me refiero a un “misterio” que hemos de desentrañar y que puede gustarnos o no. Quizá ese misterio nos decepcione o quizá nos ilusione, eso solo lo veremos teniendo la conversación.

Cuando me refiero a “oportunidad”, lo digo en el sentido de “ocasión” para desplegar nuestros recursos o habilidades relacionales y, también, para conocernos mejor.

Por último un “regalo”, pues podemos “cerrar” un capítulo de nuestra vida por ejemplo pidiendo “perdón” o recuperando una amistad o quizá volver a tener a nuestro lado a un hermano-a o ser querido.

Espero haberte hecho reflexionar o quizá haber contribuido en algo a “movilizarte” para pasar a la acción.

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