Me considero un sherpa especializado en rescatar a líderes atrapados en paradigmas del siglo XX para que consigan ser altamente efectivos en el siglo XXI. Me dedico a facilitar la mutación del líder controlador (efectivo en entornos predecibles) al líder explorador (efectivo para entornos inciertos).

La mayor parte del siglo XX ha sido un entorno de certezas que permitía al líder controlar gran parte de los posibles escenarios. El líder construido en esta época era y es un líder controlador que en este nuevo entorno incierto, complejo y de cambio acelerado, se encuentra perdido y ansioso. El actual hábitat, requiere mutar del líder controlador al líder explorador y a eso precisamente, me dedico yo.

  • Inicios

    Mi historia profesional nace en un negocio familiar (Ultramarinos), en donde adquirí algunos de mis valores que mejor me definen: honestidad, compromiso y responsabilidad. Este negocio que pertenecía a mis padres, me permitía aprender un oficio (al margen de seguir estudiando) y también ahorrar (otro de mis valores), no obstante, no me aportaba lo que yo necesitaba cuando uno es un veinteañero.

    Yo anhelaba: retos, autonomía, libertad de decisión, experiencias intensas, conocer gente interesante, etc.;

    Con 20 años decidí vender mi moto y viajar a Estados Unidos para aprender otras formas de ver la vida. Estuve solo un mes, pero fue más que suficiente para adquirir una nueva visión, tanto de mí, como de mis posibilidades profesionales. Hay viajes que “nos marcan” y este fue toda una revelación y posterior punto de inflexión en mi vida.

  • Un primer “giro”

    A los 22 años, con todos mis ahorros, la ayuda de mi familia y por supuesto, del Banco, monto mi primer negocio (Gimnasio), que me aportó de forma instantánea todo lo que yo andaba buscando. Con los años, conseguí tener un equipo humano sólido entre mis colaboradores, pagué todas mis deudas y empecé a ahorrar de nuevo. En esa época, desarrollé nuevas habilidades que me sirvieron para conocerme mejor y para ayudar a mis clientes a que consiguieran sus objetivos (lo mismo que hago actualmente pero en otro entorno). A nivel personal  coseché distintos triunfos deportivos regionales y nacionales. Como entrenador, conseguí que alumnos míos fueran campeones nacionales e internacionales. Aprendí mucha psicología deportiva y me apunté a cursos de Inteligencia EmocionalPNL que aplicaba al trabajo con cierto éxito. Esta faceta más psicológica, aportaba un “plus” a mi trabajo como entrenador pues la relación con el atleta (jóvenes y a veces rebeldes), iba más allá de la faceta deportiva y adquiría un enfoque más holístico que beneficiaba a ambas partes.

    Con los años llegué a la conclusión que esta relación holística que mantenía con mis atletas (crecimiento deportivo sí, pero también psicológico) era la mejor inversión que podía realizar en esas personas. Poco a poco observé que la diferencia que marcaba quién ganaba con respecto a quién quedaba segundo era más un tema mental que físico.

    Después de diez años de “volcarme” íntegramente en ayudar a decenas de atletas de competición y cientos de amateurs, me sentía satisfecho de mi trayectoria, pero también exhausto. Sentía que “lo que tenía que hacer, ya estaba hecho” y el “reto” ya no era tal, por tanto empecé a buscar nuevos horizontes; no sabía hacia donde, sólo sabía que el deporte y yo, empezábamos a cansarnos el uno del otro. Era incompatible continuar con ello, pues la falta de pasión, ya no me permitía disfrutar…

  • Un segundo “giro”

    A los 32 años di el segundo giro y busqué un trabajo que me permitiera estudiar y reorientar mi carrera profesional (no quería nada, vinculado a deporte). Inicié mi nueva andadura en una PYME del sector logístico y en poco tiempo (seis meses) estuve llevando un equipo. Algunas de mis habilidades como entrenador (carácter, pedagogía, disciplina, liderazgo, determinación, análisis o impacto en la comunicación) empezaron a aflorar en este nuevo sector y junto a mis valores esenciales (honestidad, compromiso y responsabilidad) que seguían acompañándome, construyeron mi propia “marca” o “sello personal” facilitándome la rápida adaptación a un nuevo sector y cierta reputación amparada en una serie de logros o nuevas maneras de hacer las cosas (en particular en temas de liderazgo).

    Me formé en este nuevo sector realizando un Master en el ICIL (Instituto Catalán de Logística) y, más tarde, cuando me sentí preparado, di el salto a la multinacional. Valoraba mucho entonces que trabajar en este sector me permitía “tener un horario”, “trabajar menos que cuando era autónomo”, y “tiempo libre para, por ejemplo, estudiar psicología en la UOC”. En la multinacional también me salieron bien las cosas: conseguía objetivos, “construía cantera” potenciando el talento de mis colaboradores y generaba buen clima.

    Después de 4 años en este nuevo sector, consideraba que se me daba bien “enseñar”, me lo decían mis Jefes, pares y colaboradores, y yo lo compartía; también me felicitaban por mis presentaciones o por mi capacidad para motivar equipos. Ese feedback lo agradecía, no obstante, estaba empezando a sentirme “apresado” entre palets y contenedores, y consideraba que, a pesar de todo, me iban bien las cosas. Ese sector no era el mejor para explotar todo mi potencial y “realizarme” como sí hice como entrenador.

    Durante esos cuatro años, había oído varias veces la frase ¿qué hace alguien como tú en un sitio como este?

    Y si bien parecía un cumplido, a mí me “inquietaba”, y más si venía de personas que para mí eran importantes (el tutor del Master, un Director de RRHH, u otro tutor de la UOC). Parecía que me estaba “perdiendo algo” pero no sabía ni “qué” ni “dónde”; Ello me perturbaba… parecía que se había instalado en mí, al menos de forma embrionaria, lo que a futuro sería “otro giro” (o sea, el tercero).

    Asistí a una conferencia del Doctor Lair Ribeiro “El éxito no llega por casualidad”. Lair comentó una frase que decía algo así como “prepárate pues la oportunidad finalmente llega y la “vemos” solo si estamos preparados”. Yo me estaba “preparando” de la forma más estimulante que hasta entonces conocía: leyendo y resumiendo todo tipo de libros vinculados a crecimiento personal, liderazgo, habilidades directivas y seguía estudiando en la UOC.

  • El tercer “giro”

    El destino me pondría a prueba, y seguramente por excesos en la época deportiva, me detectan cuatro hernias discales. Fui intervenido de una hernia discal y la operación fue mal. Quedé peor de lo que estaba. Los doctores me comentaban que debía aceptar esa situación y convivir con ese dolor postrado en una cama la mayor parte del día. En ningún momento asumí esa situación. Al cabo de un año, el más duro de mi vida, me operaron por segunda vez y consiguieron atenuar el dolor y ofrecerme una calidad de vida más digna.

    Esta situación la vivo como un regalo del destino, como una “segunda oportunidad” pues en mis peores sueños, me veía atado a una silla de ruedas. Ese año encamado sería clave en mi futuro.

    El dolor soportado me hizo más fuerte y empecé a entender qué era la resiliencia y cómo aprovechar “la energía” que me sobraba. Yo soñaba con la idea de “enseñar”, me sentía atraído por las personas que mediante sus conocimientos ayudaban a otros a conseguir sus objetivos.

    Cuando me recuperé, al cabo de pocos meses, renuncié a mi trabajo pues ya no tenía motivación alguna para estar allí. Mi mente estaba ya en otro sitio. Por tanto, me aventuré a crear un “Manual de liderazgo”, algo parecido a un curso de formación, para todo aquel que quisiera gestionar y desarrollar personas. Esos contenidos los mostré a dos consultoras pero no tuve éxito, no había garantías del curso ni tampoco del formador, era lógico. Seguía curioso, buscando “mi oportunidad”, y me apunté a un curso de Inteligencia Emocional, con tanta suerte que la persona que lo impartía, Cathy Paredes, estaba en esos momentos haciendo cursos de Liderazgo para Directivos. Así pues, aproveché el curso para verbalizar mi particular situación, y días después le mostré el curso que había creado. Con mucha asertividad, me dio un feedback muy potente en el que me dejó claro que ese curso no era una “apuesta ganadora” precisamente. Por suerte, Cathy vio “algo” en mí y apostó por formarme para que colaborara con ella. Este fue mi tercer giro, el inicio de una nueva etapa, que ya dura más de una década.

  • Actualidad

    Hoy día, después de diez años como formador, y con el aval de cientos de participantes que me han felicitado por mi rendimiento en el aula y decenas de Directores de RRHH que me han otorgado su confianza, aún sigo viendo en mí mismo espacios de mejora en esta disciplina que veo como un arte, y más que un “artista”, me considero un “artesano”; un artesano de la palabra, del gesto…

    Desde 2008, de la mano de Marta Calvo, incorporé el coaching en mi vida profesional, y me siento muy cómodo alternando ambas disciplinas. En el 2010, me focalicé sólo en coaching ejecutivo. Actualmente me siento capacitado para hacer otros tipos de coaching, (life coaching, deportivo), no obstante, prefiero estar enfocado sólo en el ejecutivo.

    En la formación y el coaching he encontrado mi pasión, que en el fondo es la misma que cuando entrenaba deportistas pero ahora con Directivos

¡Ponerte al servicio de tu cliente, para que este consiga sus objetivos!