¿Qué me sobra en mi mochila?

Desde hace muchos años escucho el símil de “nuestra mochila” en referencia a una “mochila mental” en la cual cada ser humano es portador de ese “mundo de creencias” que configura el particular punto de vista del ser humano.

Esta “mochila” transporta nuestro “modelo mental” que nos hace diferentes a otros semejantes pues si bien compartimos creencias propias de nuestra mochila con otros “mochileros”, la configuración de la nuestra es única e irrepetible pues la hemos “llenado” a base de nuestro bagaje evolutivo (también lo que nos han dicho y repetido nuestros mayores) y a cómo nosotros hemos interpretado todo este recorrido.

Este “modelo mental” comporta, entre otras cosas, creencias acerca de quién soy yo (fortalezas y debilidades) y por tanto de mi valía; el cómo percibo a los otros (mejores o peores que yo); el cómo observo la realidad que percibo (percepción de oportunidades o amenazas y el tipo de influencia que yo tengo para cambiar este entorno); y cómo pienso que va a ser mi futuro (esperanzador, ilusionante, incierto o amenazante).

Para mí, “el mundo” en el que habitamos (me refiero exclusivamente al mundo consumista y competitivo propio de sociedades del bienestar), altamente ambiguo, complejo, incierto y de cambio acelerado, requiere “revisar” nuestra mochila y quizá hacer algunos “intercambios de creencias” para adaptarnos mejor a este nuevo hábitat (sobre todo a los que ya estamos, sobrepasamos o nos acercamos al medio siglo de antigüedad).

Al igual que haría cualquier aventurero o explorador, para este nuevo entorno debemos replantearnos algunas de nuestras creencias (identificar las que más nos limitan) para “responder” de forma exitosa al nuevo hábitat y no solo sobrevivir en él.

Estos cambios serán más necesarios y urgentes en función de diferentes variables. Hoy quiero centrarme en los dos que con mayor frecuencia observo en mi día a día profesional:

  1. El caso de líderes que gestionan equipos humanos y requieren conseguir unos objetivos en entornos o sectores saturados, de enorme competitividad y con alta exigencia en los resultados.
  2. Personas que necesiten adaptarse a los nuevos roles o funciones y están teniendo dificultades para asumirlos.

Un aspecto clave de cara a mejorar nuestro sistema de creencias es detenerse para hacer una cierta introspección a fin de a tomar conciencia de qué interpretaciones/creencias nos están limitando en la consecución de nuestros objetivos o desestabilizan nuestro equilibrio personal o incluso nuestra felicidad.

A continuación muestro algunas creencias que encuentro habitualmente entre mis clientes después de charlar acerca de “las cosas que no están consiguiendo”:

  • El conflicto debe evitarse a toda costa pues no trae nada bueno.
  • Los cambios amenazan mi seguridad y ponen al descubierto mis carencias.
  • No quiero dar feedback de mejora pues no quiero incomodar o hacer daño.
  • El cometer errores amenaza mi prestigio y me pone en peligro.
  • Es mejor no decir lo que piensas pues generaré rechazo y me quedaré solo.
  • Para no fracasar necesito controlar al máximo todo lo que hago.

Si bien es perfectamente legítimo tener estas creencias, y allá cada uno con ellas, el problema viene cuando estas creencias complican nuestra vida haciéndonos sufrir y nos impiden alcanzar nuestros objetivos o ser felices. Entonces es cuando llega el momento de revisarlas o “reformularlas” por otras que sean más coherentes para responder al contexto actual. Reformularlas es algo así como “transformarlas por otras creencias más efectivas para conseguir nuestros objetivos”.

A continuación os paso el ejercicio para “reformular” estas creencias que me ha servido a lo largo de los años para ir modificando mi propia mochila y la de mis clientes:

  • Identifica una creencia que te esté limitando en la consecución de tus resultados o de tu felicidad y escríbela en un papel.

EJEMPLO: “El conflicto debe evitarse a toda costa pues no trae nada bueno”.

  • Analiza qué impacto tiene y ha tenido en tu vida en cuanto a peajes. Por ejemplo, qué comportamientos y emociones has tenido que soportar por el hecho de evitar el conflicto, y cómo han impactado en tu vida a posteriori.

EJEMPLO DE SITUACIÓN: “Relación laboral con dos compañeras de trabajo con las que evité marcarle límites y acabé realizando unos informes que no me tocaban, que me robaban tiempo para hacer lo que debía hacer, por las cuales no recibía ningún tipo de compensación ni reconocimiento pues no me atreví jamás a comentar a nuestro jefe que esos informes por los que nos felicitó, no era un trabajo “del departamento” (o sea de todas) sino sólo y exclusivamente mío”.

EJEMPLO DE IMPACTO: “A nivel emocional me supuso estar meses resentida con mis compañeras, incómoda por no luchar por mis derechos y me perjudicó en mi autoestima pues me sentí inferior”.

CONCLUSIÓN: “Sin duda ha sido peor no afrontar el potencial conflicto que vivir con esa situación”.

  • Reflexiona acerca de qué estás preservando de cara a no entrar en conflicto y cómo puedes disminuir ese miedo o limitación tratando de ser objetivo al máximo, enfocándote en soluciones y cuestionando o reformulando estas interpretaciones.

EJEMPLO: “si entro en conflicto perderé la amistad de esa persona” o “si entro en conflicto no sabré cómo manejarlo y será peor”.

  • Reformula la creencia original (la del punto 1) de una forma en la que te aporte beneficios. Aquí la pregunta es ¿Qué me podría aportar de positivo?

EJEMPLO: “El conflicto es bueno prevenirlo y, si no es posible, mejor afrontarlo pues si lo gestiono bien puede traer diferentes oportunidades para construir un nuevo futuro o relación y para que yo me sienta mejor conmigo mismo”.

  • Busca herramientas o técnicas que te ayuden en este cambio de creencias y, por tanto, de comportamientos.

EJEMPLO: Lecturas acerca del conflicto, vídeos divulgativos en YouTube, cursos, el apoyo de personas que sean competentes en eso que a ti te falta, etc.

  • Busca entornos o personas para poner en práctica la nueva creencia empezando por las situaciones más fáciles que estén a tu alcance.

EJEMPLO: “Comentar a determinada persona algo que te ha molestado y que no quieres que se repita” y, si no es el caso, comprométete contigo mismo acerca de que la próxima vez que vivas una situación similar (un conflicto potencial) te comportarás de una manera que hará que te sientas orgulloso/a de ti mismo/a.

Espero que este artículo pueda servirte para que modifiques tu mochila y con ella tu “forma de estar en el mundo”.

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